LA PERCEPCIÓN DEL CUERPO SOCIAL A TRAVÉS DEL ARTE
El cuerpo es el envase del individuo, el lugar donde siente
sus límites y su libertad. Segun David LeBreton, el cuerpo es una construcción
simbólica, no una realidad por si misma. El individuo da forma a la imagen de
su cuerpo a través del espejo, en este momento ya se percibe com una cosa
deficitaría, fragmentada; ya que, esta imagen exterior procede del espejo y
tiene un valor de objeto. El artista italiano
Pistoletto ha trabajado en instalaciones con espejos, para romper los
límites de la realidad, ampliar y multiplicar el espacio. De la misma
manera que David LeBreton hace muchas
observaciones sobre la percepción del cuerpo, y su reconocimiento en el espejo,
Piedad Solans lo expresa en el siguiente texto:“En la superficie plana, fría e
inaprensible del espejo, en su doblez y alteridad, en su vacuidad, se produce
una metáfora que interpela al conocimiento y la identidad: el desdoblamiento
entre el sujeto y el objeto, el consciente y el inconsciente, el yo y el (lo)
otro, lo real y el fantasma. En las texturas del espejo se pulsa toda la
imposibilidad, la lucha y agonía de ser “verdad” del pensamiento y del sujeto
moderno: esa mismidad siempre inalcanzable, esa ausencia de la presencia, esa
cercanía de lo desconocido que somos, es y nos habita. El objeto de la mirada
en el espejo es objeto inexistente, pero existe; irreal, pero absorbido, por la
porosidad de lo real; forma, pero espectral en el vacío. El espejo pone en
función una paradoja: la imposibilidad de la mirada de tocarse a sí misma, de
mostrarse si no es en la alteridad, en la fugacidad, en la presencia
desdoblada. En una ausencia que es, también enajenación. La dificultad del
sujeto para revelarse a sí mismo si no es idealmente a través del otro y de lo
otro, en la ficción del reflejo, en la resonancia en la que, al tiempo que se
reconoce, se escapa, hunde o inyecta a otro lugar inalcanzable.”[1] Pero
también la mirada del otro, que conforma y somete con sus exigencias al
cuerpo, “ a sus propios fantasmas, es
decir, a sus mitos; de mi que surjan conflictos inevitables en la medida en que
esos mitos limitan y hasta desfiguran y enajenan nuestros propios deseos.”[2]
La cultura también se adjudica la expresión corporal y la convierte en su
propio lenguaje, un ejemplo sería cómo nos vestimos..., y la valoración social
de éste hecho. En definitiva, el cuerpo
no es nuestro, ni tal solo el modo como vivimos. El cuerpo está atravesado por
los otros, entonces: “ha de entenderse como fuente, órgano y apoyo de toda la
cultura”[3] Confiere una identidad y una ubicación en la sociedad, para poder
sentir la pertinencia en el mundo.
Ahora, con la aceleración provocada por la tecnología esta
derrumbando los modos de percepción y de representación, en este nuevo
espacio-tiempo. Hay una incapacidad del humano por esta nueva representación de
él mismo, en estas nuevas dimensiones espaciales. “Cómo no se pueden aprehender, estos espacios desconcertantes imposibilitan el uso del antiguo lenguaje de volúmenes. La
mutación del espacio ha superado la capacidad del cuerpo humano de localizarse,
de organizar perceptivamente el espacio circundante y representar
cognitivamente su posición en el mundo exterior. Esta divergencia entre el
cuerpo y el entorno urbano indica nuestra incapacidad de comprender los
complejos procesos de reestructuración de la metrópoli contemporánea, de
representar la enorme red global de producción y comunicación descentrado en
que estamos presos como individuos.”[4] Ésta falta de experiencia directa con
el tiempo local, el espacio y el cuerpo, supera las posibilidades del individuo
de situarse en el mundo
[2] BERNARD, Michel. El Cuerpo. Buenos Aires: Editorial
Paidos, 1980
[3] Ob.cit. BERNARD, Michel
[4] BRISSAC, Nelson. “Real/Virtual: redefiniciones ante las
nuevas configuraciones espaciales y sociales” , dins, MARCHÁN, Simón,
Compilador . Real/Virtual en la estética y la teoría de las Artes. Barcelona:
Ediciones Paidos, 2006, p. 108.
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